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Las plantas también se estresan

Seguramente cuando pensamos en el estrés, las plantas no nos vienen a la mente. Sin embargo, un dato curioso es que las plantas se encuentran constantemente estresadas. De hecho, si en algún momento las plantas no se encuentran estresadas, eso quiere decir que algo no va bien.

Las plantas sufren de un amplio abanico de diferentes agentes estresantes durante su ciclo de vida. Empezando desde la germinación de la semilla hasta la formación de los frutos (¡incluso durante su empaquetado!).

Para entender el estrés vegetal, es preciso diferenciar entre los dos principales tipos de estrés, el estrés abiótico y el biótico. La diferencia entre ambos tipos, reside en el origen del estrés. Los estreses abióticos se caracterizan por ser causados por factores climáticos, como las lluvias, altas o bajas temperaturas, viento etc. Los estreses bióticos se deben a factores biológicos como es el caso de las enfermedades por patógenos microbianos o como señal producida por ataques de herbívoros.

Dos factores que definen el estrés son la magnitud del estrés y la duración del mismo. La planta tendrá respuestas diferentes al estrés, dependiendo de la magnitud, la cual define la severidad del estrés. No es lo mismo que la planta sufra de un cambio leve de temperatura, que sufrir un cambio brusco, fuera de su rango normal de crecimiento. Lo mismo ocurre en el caso de las enfermedades. La planta reaccionará de manera diferente ante un ataque de pocos insectos sobre una hoja comparado con un ataque masivo de una plaga tanto sobre sí misma como a las plantas vecinas. De hecho, los científicos han demostrado que las plantas son capaces de “comunicarse” a través de señales volátiles para avisar a sus vecinos de un ataque inminente.

La duración del estrés es otro factor que lo define. Diferentes estreses pueden tener diferentes grados de severidad sobre las plantas, pero la duración del estrés, marca el daño que se pueda producir. Las plantas están bien equipadas con diferentes herramientas para combatir los estreses. Sin embargo, si la magnitud del estrés y su duración son muy grandes, el mecanismo de defensa innato de la planta no podrá por si solo combatir el estrés. En el caso de superar un gran estrés, si la duración de éste ha sido larga, la planta puede no recuperarse del todo de los daños producidos. Eso abre la puerta a nuevas posibilidades de la aplicación exógena de sustancias que ayudan a mejorar los sistemas de defensa de la planta además de su recuperación tras el estrés.

En resumen, las plantas sufren de diferentes tipos de estreses, tanto bióticos como abióticos. Estos estreses pueden afectar a la planta de manera más o menos severa dependiendo de su magnitud y duración. Las plantas han evolucionado, para conseguir mecanismos de defensa frente a situaciones de estrés, afectando tanto a ellas mismas como a plantas vecinas mediante señales volátiles. Si la planta no desarrolla esas defensas, desde la etapa juvenil hasta la madurez, entonces seguramente, no podrá sobrellevar los diferentes estreses producidos durante su ciclo de vida.

Por Abbas Caballero

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