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LA “LLAMADA” DEL CRECIMIENTO (PARTE II)

Como se ha comentado en la entrada anterior, la planta se puede considerar como una serie de fuentes con buena capacidad fotosintética y varios sumideros compitiendo por los fotoasimilados.

 

El transporte de azúcares por la planta se denomina “traslocación” y ocurre principalmente a través del floema. El floema es el tejido vascular responsable de distribuir los nutrientes en toda la planta. Al contrario que el xilema, su movimiento es tanto ascendente como descendente.

 

La mejor explicación del transporte en el floema es a través de fuerzas hidrostáticas. La presión osmótica junto a la concentración de azúcares marca el movimiento de agua y azúcares en el floema. Entorno al órgano fuente, existe una alta concentración de azúcares en el floema lo que atrae agua del Xilema creando una alta presión de turgencia (fuerza que hace el agua sobre las paredes celulares).

 

Ahora bien, esta agua con alta presión de turgencia, “empuja” los azúcares hacía órganos donde existe una baja concentración de azúcares y, por ende, baja presión de turgencia. Una vez que llega a este órgano, se liberan los azúcares a las células adyacentes, tanto activa como pasivamente. De este modo, el órgano sumidero recibe el azúcar necesario y lo distribuye en los tejidos cercanos.

 

Durante toda la vida de la planta, desde la germinación de la semilla, existe una relación estrecha y dinámica entre las fuentes y los sumideros. Tras la germinación, la plántula comienza a realizar la fotosíntesis, convirtiendo a las hojas en órganos fuentes, que previamente eran sumideros, al recibir su aporte energético de las raíces. La plántula seguirá desarrollando su masa vegetativa, con transiciones continuas de hojas jóvenes (sumideros) a hojas fotosintéticas (fuentes).

 

Estas transiciones marcan la ratio raíz:vegetación, la cual es el indicador que utiliza la planta para definir su época reproductiva. Cuando la planta cuenta con una alta ratio raíz:vegetación, es en este momento cuando considera que tiene las suficientes fuentes para los nuevos sumideros, que serán las flores y frutos. Comienza entonces la época reproductiva.

 

Una vez comienza la floración y fructificación, para conseguir la mejor productividad de un cultivo, es preciso, en primer lugar, priorizar el acceso de nutrientes a estos órganos sumideros y en segundo lugar distribuir eficientemente los nutrientes entre los diferentes sumideros. De este modo, se consigue aumentar el número de flores y frutos, minimizando la caída fisiológica y garantizando una buena producción.

 

Para que esto ocurra, es esencial contar con la ayuda de una buena fertilización y lo más importante, de un óptimo equilibrio fisiológico. Dicho equilibrio es un proceso que se ha de mantener a lo largo de toda la vida de la planta, comenzando con un sistema radicular fuerte, el cual aportará toda la energía necesaria para que las hojas, las fuentes principales, puedan expresar su máxima capacidad fotosintética y, por tanto, suministrar la mayor cantidad de fotoasimilados a todos los sumideros: flores, frutos y órganos de reserva.

 

Tras la recolección de la fruta, en el caso de los árboles frutales y olivares, y antes de la parada invernal, los árboles transfieren los nutrientes hacia las raíces para almacenarlas de cara a la brotación del año siguiente. Si el árbol no consigue almacenar una cantidad suficiente de nutrientes, se puede dar una mala brotación, pudiendo resultar en desordenes fisiológicos manifestándose en problemáticas, como puede ser el fenómeno de la vecería.

 

Para evitar que se dé una mala brotación, es esencial aumentar la fuerza de sumidero de las raíces, incrementando la transferencia de fotoasimilados desde las hojas hacía las raíces, de manera que se consigue incrementar notablemente las reservas de nutrientes, lo que abastecerá las yemas con la energía necesaria para una óptima brotación.

 

Por todo ello, la planta es en efecto, una serie de fuentes y sumideros en continua transición. La relación entre estos órganos es directa y dinámica, por lo que incidir positivamente en esa relación en momentos fisiológicos clave, puede ser una manera eficiente y sostenible de conseguir un importante aumento de la productividad de los cultivos.

 

 

Escrito por Abbas Caballero

Dep. Técnico de Stoller Europe

 

 

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